Moby Dick

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»“Sí, sí, mis festivos amigos, una animosa vía de agua esta; que alguien ponga un cuenco, y probémosla. ¡Por Dios que es buena para embotellar! ¿Sabéis qué, compañeros? ¡La inversión del viejo Rad debe estar saliéndose por ella! Más le valdría cortar su parte del casco y remolcarlo a puerto. El hecho, muchachos, es que el pez espada sólo inició la tarea; ha vuelto otra vez con una cuadrilla de peces carpintero, peces sierra, peces lima y lo que haga falta; y toda la brigada está dándole duro, cortando y rajando en el fondo: haciendo mejoras, supongo. Si estuviera aquí ahora el viejo Rad, le diría que saltara por la borda y los dispersara. Están haciendo trizas su propiedad, se lo puedo asegurar. Pero es un viejo simplón… Rad, y un guaperas, además. Muchachos, dicen que el resto de sus bienes está invertido en espejos. Me pregunto si le daría a un pobre diablo como yo el modelo de su nariz”.

»“¡Malditos sean tus ojos! ¿Por qué se ha parado esa bomba?”, bramó Radney, pretendiendo no haber escuchado la charla de los marineros. “¡Atronad ahí!”

»“Sí, sí, señor”, divertido como un grillo. “¡Ligero, muchachos, ligero, venga!” Y con aquello la bomba repiqueteó como cincuenta máquinas de vapor; los hombres se aplicaron con denuedo a ella, y no mucho más tarde se escuchó ese peculiar resuello de los pulmones que denota la mayor tensión de las energías extremas de la vida.


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