Moby Dick
Moby Dick —Libremente representado en su vocación propia, caballeros, serÃa el canallero un buen héroe dramático, asà es de copiosa y pintorescamente perverso. Como Marco Antonio, navega indolentemente durante dÃas y dÃas a lo largo de su floreado Nilo de verde mantillo, jugando abiertamente con su Cleopatra de coloradas mejillas, y madurando su muslo de albaricoque sobre la soleada cubierta. Pero, en tierra, toda esta afeminación se anula. El aspecto bandidesco que el canallero luce con tanto orgullo; su sombrero, gacho y alegremente engalanado de cinta, revela sus rasgos primordiales. Un terror para la sonriente inocencia de los pueblos por los que navega; su semblante oscuro y paso arrogante no pasan inadvertidos en las ciudades. Yo, que una vez fui vagabundo en su propio canal, recibà buenos oficios de uno de estos canalleros; le estoy reconocido de todo corazón, no quisiera ser desagradecido; pero una de las sobresalientes cualidades redentoras del hombre violento suele ser que en ocasiones tiene brazo tan duro para secundar a un pobre desconocido en apuros, como para saquear a uno rico. En suma, caballeros, lo que es la fiereza de esta vida del canal, evidénciase enfáticamente en lo siguiente: que nuestra feroz pesquerÃa de la ballena albergue a tantos de sus más consumados graduados, y que difÃcilmente de estirpe alguna de la humanidad, exceptuando la de los hombres de Sydney, recelan tanto nuestros capitanes balleneros. Y en modo alguno mengua la curiosidad de este asunto el que para muchos miles de nuestros jóvenes rurales, nacidos a lo largo de su orilla, la probatoria vida del Gran Canal represente la única transición entre cosechar plácidamente en un cristiano campo de maÃz y surcar insensatamente las aguas de los más bárbaros mares.