Moby Dick
Moby Dick »Al estar reducida la tripulación del barco sólo a un puñado de hombres, el capitán pidió a los isleños que le ayudaran en la laboriosa tarea de dar de quilla para reparar la vía de agua. Pero tal fue la necesidad que este pequeño grupo de blancos tuvo de incansable vigilancia sobre sus peligrosos aliados, que cuando el navío estuvo dispuesto para la navegación se hallaban en una condición tan débil que el capitán no osó zarpar con ellos en navío tan pesado. Tras consultar con sus oficiales, fondeó el buque lo más lejos posible de tierra; cargó y apostó sus dos cañones a proa; amontonó sus mosquetes en la popa; y advirtiendo a los isleños que, por su propio riesgo, no se acercaran al barco, tomó a un hombre con él, y largando la vela de su mejor lancha ballenera, puso rumbo derecho, viento en popa, hacia Tahití, distante quinientas millas, para conseguir refuerzos para su tripulación.
«Al cuarto día de navegación avistó una gran canoa que parecía haber encallado en una isla baja de coral. Desvió la derrota para alejarse de ella; pero la nave forajida se le echó encima; y pronto la voz de Steelkilt le ordenó que tirara un cabo o le haría zozobrar. El capitán sacó una pistola. Con un pie en cada proa de las uncidas embarcaciones, el lagonero se rió, burlándose de él; le aseguraba que si la pistola llegaba aunque sólo fuera a percutir en la llave, le enterraría en burbujas y espuma.