Moby Dick
Moby Dick »“¿Qué queréis de mÃ?â€, gritó el capitán.
»“¿A dónde os dirigÃs? ¿Y por qué os dirigÃs allÃ?â€, preguntó Steelkilt; “sin mentirasâ€.
»“Me dirijo a TahitÃ, a por más hombres.â€
»“Muy bien. Dejad que suba a bordo un momento; voy en son de paz.†Diciendo lo cual, saltó de la canoa, nadó hasta la lancha; y ascendiendo la borda se encontró cara a cara con el capitán.
»“Cruce los brazos, señor; eche atrás la cabeza. Ahora repita conmigo: Tan pronto como Steelkilt me deje, juro encallar esta lancha en la playa de aquella isla, y permanecer allà seis dÃas. ¡Si no lo hago, que un rayo me parta!â€
«“Un buen alumnoâ€, rió el lagonero. “¡Adiós, señor!â€, y saltando al mar volvió nadando junto a sus camaradas.
»Observando la lancha hasta que estuvo bien encallada en la playa, y arrastrada hasta las cepas de los cocoteros, Steelkilt alzó la vela de nuevo y a su debido tiempo llegó a TahitÃ, también su lugar de destino. Allà la suerte le fue propicia: dos barcos estaban a punto de zarpar hacia Francia, y, providencialmente, estaban necesitados de exactamente el número de hombres que el marino encabezaba. Embarcaron; y de esta manera tomó para siempre la delantera a su antiguo capitán, por si hubiera éste tenido alguna intención de exigirles responsabilidad legal.