Moby Dick
Moby Dick Quizá un poquito de reflexión os permitirá ahora caer en la cuenta de esos repetidos desastres de la pesca de la ballena —algunos de los cuales se narran sin darles importancia—, de aquel o aquel otro hombre que es arrastrado por la estacha fuera de la lancha, y perdido. Pues cuando la estacha está saliendo lanzada, estar entonces sentado en la lancha es como estar sentado en medio de los múltiples movimientos bruscos de una máquina de vapor a toda potencia; donde cada biela, y eje, y rueda, te pasa rozando. Es peor; ya que no puedes sentarte inmóvil en el medio de estos peligros, pues la lancha se mece como una cuna, y te ves despedido de un lado a otro sin la menor advertencia; y únicamente gracias a una cierta autoajustable flotabilidad de espÃritu y simultaneidad de volición y actuación puedes escapar de que te conviertan en un Mazeppa, y te arrojen a donde el propio sol, que todo lo ve, nunca podrÃa abrirse paso hasta ti.