Moby Dick
Moby Dick De nuevo: igual que la profunda calma que visiblemente sólo precede y profetiza la tormenta, es quizá más atroz que la tormenta en sÃ; ya que, efectivamente, la calma no es sino el envoltorio y funda de la tormenta; y la contiene en sÃ, lo mismo que el aparentemente inofensivo rifle contiene la fatal pólvora, y la bala, y la explosión; asà el grácil reposo de la estacha, mientras silenciosamente serpentinea alrededor de los remeros antes de ser puesta en acción… esto es algo que tiene en sà mayor cantidad de auténtico terror que cualquier otro aspecto de este peligroso asunto. Pero ¿por qué decir más? Todos los hombres viven envueltos en estachas. Todos nacen con sogas alrededor de sus cuellos; pero sólo cuando están atrapados en el rápido y repentino turno de la muerte los mortales se dan cuenta de los silenciosos, sutiles y siempre presentes riesgos de la vida. Y si fuerais un filósofo, incluso sentado en la ballenera no sentirÃais en el corazón ni una pizca más de terror que si estuvierais sentado frente a vuestro vespertino fuego, con un atizador en lugar de un arpón a vuestro lado.