Moby Dick
Moby Dick —Vuetra vohrasidá, criatuhra hermaahna, yo no oh reprohcho tanto po ella; e la naturalehza, y no se pue evitá; pero goberná esa naturalehza malvahda, esa eh la cuestión. Vosotro soih tiburohne, sà señó; pero si controlái el tiburón que tenéh adeehntro, buehno, etohnce vosohtro soih áangele; pue lo áangele no son sino tiburohne bien controlaho. Mira quà ora, hermaahno, intentá na más sé consideraho al sevirse de esa ballehna. No le arranquéhis el lahrdo de la bohca al vecihno, digo. ¿No tié un tiburón iguá de derehcho que otro a esa ballehna? Y, por Diós, ninguno de vosohtroh tié el derehcho a esa ballehna; esa ballehna le pertenehce a ohtro. Yo sé que alguhno de vosohtro tenéh la bohca mu grahnde, má grahnde que lo demá; pero etohnce la gran boca a vece tié pequeehnña la trihpa; asà que el tamahño la bohca no é pa tragá con ella, sino pa arrancá el lahrdo pa lo tiburohne pequeehño, que no puen metese en el tumuhlto pa sevise pa sà mihmo.
—¡Bien hecho, viejo Fleece! —gritó Stubb—, eso es cristiandad; sigue.
—No sive de seguÃ; lo condenaho villahno seguirán remolináhndose y dáhndose uno a otro, massa Stubb; no ecuhcha palahbra; no sirve sermón a condenaho glotohne como le dice usté, hahta que su trihpa es llehna, y su trihpa no tié fohndo; y cuando la llehna, no te ecuhcha etohnce; pué etohnce se hunde en már, van prohnto dormà en cohrá, y no pué oà ná de ná, nunca má, pa siempre jahmá.