Moby Dick
Moby Dick —¡Nacido en una barcaza! Eso sà que es extraño. Pero yo quiero saber en qué paÃs naciste, cocinero.
—¿No diihje paà de Roanoke? —gritó bruscamente.
—No, no lo dijiste, cocinero; pero te diré a lo que voy, cocinero. Debes irte a tu casa y nacer de nuevo otra vez; todavÃa no sabes cocinar un filete de ballena.
—Bendihta sea mi alma que no cociihno otro —gruñó airadamente, volviéndose para marcharse.
—Vuelve, cocinero… Ven aquÃ, alcánzame esa tenaza… Ahora toma ese poco de filete de ahà y dime si piensas que el filete está cocinado como debiera. Cógelo, digo —alcanzándole las tenazas—, cógelo y pruébalo.
Relamiéndose levemente sus ajados labios durante un instante, el viejo negro murmuró:
—El filehte mejó cocinaho jamá probé; jugosihto, mú jugosihto.
—Cocinero —dijo Stubb, volviéndose a erguir—, ¿perteneces a la Iglesia?
—Pasé po una una vé en Ciudal Cabo —dijo, huraño, el viejo.