Moby Dick
Moby Dick —Y una vez en tu vida pasaste por una santa iglesia en Ciudad del Cabo, donde sin duda escuchaste a un santo pastor dirigirse a sus oyentes como sus amadas criaturas hermanas, ¿eh, cocinero? Y aún vienes aquà y me dices una mentira tan horrible como me acabas de decir ahora mismo, ¿eh? —dijo Stubb—. ¿Dónde esperas ir, cocinero?
—Ir cama mú prohnto —murmuró, medio volviéndose mientras hablaba.
—¡Alto! ¡Capear! Quiero decir cuando mueras, cocinero. Es una pregunta imponente. Ahora, ¿cuál es tu respuesta?
—Cuando ete viehjo roto muehra —dijo el negro lentamente, cambiando su entera actitud y porte—, él de po sà no irá inguhna pahrte; pero algún ángel bendihto vendrá y lo recogerá.
—¿Recogerlo? ¿Cómo? ¿En un carro de cuatro caballos, como recogieron a ElÃas? ¿Y recogerlo hacia dónde?
—Allá rihba —dijo Fleece, sujetando su tenaza recta sobre su cabeza, y manteniéndola allà muy solemne.
—Asà que entonces esperas ir a nuestro tope del mayor cuando mueras, ¿no, cocinero? Pero ¿no sabes que cuanto más subes más frÃo hace? ¿El tope del mayor, eh?
—Yo no dihje eso, no señó —dijo Fleece, de nuevo resquemado.