Moby Dick
Moby Dick —Dijiste ahà arriba, ¿no? Y ahora mira tú mismo y ve donde están apuntando tus tenazas. Aunque quizá esperas llegar al Cielo gateando por la boca de lobo, cocinero; pero no, no, cocinero, allà no llegas a no ser que vayas por el camino normal, alrededor, por la jarcia. Es una operación delicada, pero debe emprenderse, o no hay nada que hacer, si no. Pero ninguno de nosotros está todavÃa en el cielo. Deja caer tus tenazas, cocinero, y escucha mis órdenes. ¿Atiendes? Coge tu sombrero con una mano y pon la otra encima del corazón cuando yo esté dando mis órdenes, cocinero. ¡Qué!, ¿eso es tu corazón, ahÃ?… ¡Ésa es tu tripa! ¡Arriba!, ¡arriba!… Eso es… ahà lo tienes. Mantenla ahà ahora y presta atención.
—Tó ahtención —dijo el viejo negro con ambas manos colocadas como se pedÃa, inútilmente moviendo su cabeza entrecana, como para hacer que ambas orejas estuvieran de frente a la vez.