Moby Dick
Moby Dick —Hablad, vos, enorme y venerable cabeza —murmurĂł Ajab—, que aunque no guarnecida de barba, sin embargo aparecĂ©is aquĂ y allá canosa de musgo; hablad, poderosa cabeza, y decidnos lo secreto que hay en vos. De todos los buceadores, vos el que habĂ©is buceado más profundo. Esta cabeza sobre la que el sol superior ahora reluce se ha movido entre los cimientos del mundo. Donde nombres y flotas no registrados se oxidan; donde en su anclaje asesino, esta fragata tierra está lastrada con huesos de millones de ahogados; allĂ, en esa horrible tierra de agua, allĂ estuvo vuestro hogar más familiar. Vos habĂ©is estado donde ni buceadores ni campanas nunca estuvieron; habĂ©is dormido al lado de muchos marineros, donde madres insomnes darĂan sus vidas por darles reposo. Vos visteis a los amantes abrazados al saltar desde su barco en llamas; corazĂłn con corazĂłn se hundieron bajo la ola exultante, fieles entre sĂ cuando el Cielo les parecĂa desleal. Vos visteis al oficial asesinado cuando fue arrojado por los piratas desde la cubierta a medianoche; durante horas se hundiĂł en la más profunda medianoche de las insaciables fauces; y sus asesinos siguieron navegando, indemnes… mientras vertiginosos relámpagos hacĂan astillas el cercano barco que hubiera llevado a un honrado marido a anhelantes brazos abiertos. ¡Oh, cabeza!, vos habĂ©is visto suficiente para rajar planetas y hacer de Abraham un infiel, ¡y ni una sĂlaba es vuestra!