Moby Dick
Moby Dick Y agarrándose con una mano a los pesados aparejos, de manera que si la cabeza se caÃa él aún seguirÃa colgado, el negro, que habÃa conseguido desliar el cabo enredado, empujó el cubo abajo del ahora colapsado pozo, con la intención de que el arponero enterrado lo agarrara, y fuera asà izado al exterior.
—En el nombre del Cielo, marinero —gritó Stubb—, ¿es que estás retacando ahà un cartucho?… ¡Detente! ¿Cómo vas a ayudarle hincando ese cubo ceñido de hierro encima de su cabeza? ¡Detente, digo!
—¡Apartaos del aparejo! —gritó una voz como el estampido de un cohete.