Moby Dick

Moby Dick

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Un estampido de botas de mar se escuchó en el zaguán; la puerta se abrió de golpe, y adentro rodó un montón de marineros apropiadamente fieros. Envueltos en sus hirsutos capotes de guardia, y con las cabezas cubiertas de tapabocas de lana, todo remendados y harapientos, y sus barbas tiesas de carámbanos, parecían una irrupción de osos del Labrador. Acababan de desembarcar de su barco, y ésta era la primera casa en la que entraban. No es extraño, entonces, que abrieran una estela directa hacia la boca de la ballena —el bar—, momento en el que el arrugado viejecillo Jonás, que allí oficiaba, con celeridad les escanció vasos llenos para todos. Uno se quejó de un mal resfriado de cabeza, ante lo cual Jonás le mezcló una pócima de ginebra y melaza, semejante a la brea, que juró era una cura soberana para todo tipo de resfriado y catarro, sin importar cuánto durara, ni si había sido cogido en aguas de la costa del Labrador o en el lado de barlovento de una isla de hielo.

El licor pronto se les subió a la cabeza, como suele ocurrir incluso con los más notorios bebedores recién desembarcados del mar, y empezaron a alborotar de la más estrepitosa manera.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker