Moby Dick
Moby Dick Lo mismo que un sobrecargado mercante de la India da de quilla en su rumbo, se entierra, bandea y bambolea cuando arriba a la costa del Indostán con una carga de aterrorizados caballos en cubierta; asà impulsaba esta vieja ballena su envejecido cuerpo; y al girar parcialmente de vez en cuando sobre sus pesadas costillas, exponÃa la causa de su sinuoso avance en el deforme muñón de su aleta de estribor. Si habÃa perdido esa aleta en batalla, o habÃa nacido sin ella, era difÃcil decirlo.
—Espera un poco nada más, viejo amigo, y te daré un cabestrillo para ese brazo herido —gritó el cruel Flask, señalando la estacha cercana a él.
—Tened cuidado de que no os ponga él a vos en cabestrillo con ella —gritó Starbuck—. Avante, o lo cazará el germano.