Moby Dick
Moby Dick En esa sesgada luz de la tarde, las sombras que las tres lanchas enviaron bajo la superficie debieron haber sido suficientemente largas y suficientemente anchas como para ensombrecer a la mitad del ejército de Jerjes. ¡Quién puede decir qué aterradores debieron haber sido para la ballena herida semejantes enormes fantasmas revoloteando sobre su cabeza!
—¡Atentos, muchachos, se menea! —gritó Starbuck cuando de pronto las tres estachas vibraron en el agua, conduciendo hacia arriba hasta ellos, como a través de cables magnéticos, los latidos de vida y de muerte de la ballena, de manera que todos los remeros los sintieron en sus bancos.
Al momento siguiente, liberadas en gran parte de la tensión hacia abajo de la proa, las lanchas dieron un brusco brinco hacia arriba, lo mismo que hace un pequeño témpano de hielo cuando una densa manada de osos blancos es ahuyentada desde él hacia el mar.
—¡Halar! ¡Halar! —gritó Starbuck de nuevo—; está subiendo.
Las estachas, de las cuales apenas un instante antes no podrÃa haberse recuperado ni el ancho de una mano, fueron ahora recogidas a las lanchas en largos y chorreantes bucles, y pronto la ballena surgió en la superficie a dos esloras de los cazadores.