Moby Dick

Moby Dick

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Sus movimientos denotaban claramente su extremado agotamiento. En la mayoría de los animales de tierra hay ciertas válvulas o compuertas en muchas de sus venas, gracias a las cuales, al ser heridos, la sangre es en cierto grado obturada, al menos durante un instante, en algunas direcciones. No ocurre así con la ballena; una de cuyas peculiaridades es la de tener una completa estructura no valvular de vasos sanguíneos, de manera que cuando es punzada incluso por una punta tan pequeña como la del arpón, se inicia inmediatamente un derrame mortal a través de todo su sistema arterial; y cuando esto se acentúa por la extraordinaria presión del agua a gran distancia bajo la superficie, puede decirse que su vida mana de ella en incesantes flujos. Sin embargo, es tan enorme la cantidad de sangre en su cuerpo, y tan distantes y numerosos sus manantiales internos, que continuará así sangrando y sangrando durante un periodo considerable; del mismo modo que en una sequía fluirá un río cuyas fuentes estén en los manantiales de colinas lejanas e indiscernibles. Incluso ahora, cuando las lanchas bogaron hacia esta ballena, y peligrosamente pasaron sobre sus oscilantes palmas, y se le arrojaron las lanzas, éstas fueron seguidas por constantes surtidores en las heridas recién hechas, que persistieron actuando de manera continua, mientras que el orificio surtidor natural de su cabeza enviaba su aterrada humedad al aire sólo a intervalos, por muy rápidos que éstos fueran. De este último conducto todavía no surgía sangre, pues ninguna parte vital suya había sido hasta el momento alcanzada. Su vida, como significativamente la llaman, no había sido tocada.


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