Moby Dick
Moby Dick Con todo, volviendo a mirar a mi alrededor, y no viendo oportunidad alguna de pasar una noche soportable a no ser en la cama de otra persona, empecé a pensar que a pesar de todo podrÃa estar engendrando prejuicios injustificados contra el desconocido arponero. Esperaré un poco, pensé; no ha de tardar en dejarse caer. Le echaré entonces una buena ojeada, y quizá a pesar de todo nos hagamos estupendos compañeros de cama… Nunca se puede decir.
Pero aunque los otros huéspedes continuaban llegando, de uno en uno, de dos en dos, y de tres en tres, y yéndose a la cama, todavÃa ninguna señal de mi arponero.
—¡Posadero! —dije—. ¿Qué clase de tipo es… Siempre está en pie a tan altas horas? —ya eran casi las doce.
El posadero rió veladamente de nuevo con su mezquina risa velada, y pareció extraordinariamente divertido por algo más allá de mi comprensión.
—No —contestó—, por lo general es pájaro tempranero… Tempranero al acostarse y tempranero al levantarse… SÃ, es el pájaro que coge el gusano… Pero esta noche salió a vender, ya ves, y no comprendo qué demonios le hace estar fuera tan tarde, a no ser, que es posible, que no pueda vender su cabeza.