Moby Dick
Moby Dick Quinto: como en la ordinaria postura de flotación del leviatán las palmas están situadas considerablemente más abajo del nivel de su lomo, éstas, entonces, están completamente ocultas bajo la superficie; mas cuando está a punto de zambullirse en las profundidades, sus palmas enteras, junto al menos treinta pies de su cuerpo, se alzan en el aire erguidas, y asà permanecen vibrando un momento, hasta que repentinamente desaparecen hacia abajo. Exceptuando el sublime romper —que será descrito en otro lugar—, este alzamiento de las palmas de la ballena es quizá la más grandiosa visión que pueda observarse en toda la naturaleza animada. Desde las insondables profundidades, la gigantesca cola parece tratar de asir espasmódicamente los más elevados cielos. AsÃ, en sueños he visto yo al majestuoso Satán lanzar su colosal garra atormentada desde el ardiente Báltico del infierno. Aunque al observar tales escenas, todo depende del estado de ánimo en que te encuentres; si en estado de ánimo dantesco, los demonios se te aparecerán; si en aquel de IsaÃas, los arcángeles. De pie en el tope de mi barco, en un amanecer que tiñó de carmesà cielo y mar, una vez vi una gran manada de ballenas hacia el este, todas en dirección al sol, y vibrando durante un instante con las palmas alzadas concertadamente. Como pensé entonces, jamás se vio semejante grandiosa encarnación de la adoración a los dioses, ni siquiera en Persia, el hogar de los adoradores del fuego. Lo mismo que Tolomeo Filópator dio fe del elefante africano, yo entonces di fe de la ballena, y la proclamé el más devoto de todos los seres. Pues, según el rey Juba, los elefantes militares de la Antigüedad frecuentemente saludaban a la mañana con sus trompas levantadas en el más profundo de los silencios.