Moby Dick

Moby Dick

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Como si hubieran acechado demasiado tras los promontorios hasta que el Pequod entrara plenamente en el estrecho, estos pillos asiáticos se esforzaban ahora en fogosa persecución para recuperar su excesivamente cauto retraso. Mas como el veloz Pequod, con un fresco viento abierto, estaba él mismo en ardiente acoso, qué gran amabilidad por parte de estos musculosos filántropos ayudarle a acelerar en su particular persecución… Meras fustas y estrellas de espuelas para él, eso eran. Mientras con el catalejo bajo el brazo Ajab paseaba la cubierta de aquí para allá, observando en su vuelta hacia proa los monstruos que acosaba, y en la de popa los sanguinarios piratas que le acosaban a él, un pensamiento como el antes expresado parecía suyo. Y cuando miraba los verdes muros del acuático desfiladero en el que el barco entonces navegaba, y cavilaba que a través de esa puerta estaba la ruta hacia su venganza, y observaba cómo a través de esa misma puerta estaba ahora a la vez acosando y siendo acosado hasta su funesto final; y no sólo eso, sino que un tropel de despiadados piratas salvajes, e inhumanos diablos ateos, estaba espoleándole infernalmente con sus maldiciones… cuando todas estas ideas pasaron por su cerebro, la frente de Ajab quedó descarnada y esquelética, como la playa de negras arenas después de que una tormentosa marea la ha estado royendo, sin ser capaz de arrastrar el firme arenal fuera de su sitio.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker