Moby Dick
Moby Dick Aunque pensamientos como éstos inquietaban a muy pocos entre la despreocupada tripulación; y cuando el Pequod, tras dejar constantemente a los piratas cada vez más a popa, al final pasó lanzado por la relumbrantemente verde punta Cockatoo del lado de Sumatra, surgiendo por fin a las anchas aguas de más allá; entonces los arponeros más parecieron apenarse de que las rápidas ballenas hubieran obtenido ventaja, que alegrarse de que el barco tan victoriosamente hubiera sacado ventaja a los malayos. Y continuando aún en la estela de las ballenas, al final pareció que amainaban su velocidad; el barco se les acercaba gradualmente y al estar abatiendo el viento, se pasó la orden de saltar a las lanchas. Mas en cuanto la manada, por algún supuesto maravilloso instinto del cachalote, se apercibió de las tres quillas que iban tras ella —aunque por el momento a una milla en su retaguardia—, se reanimó de nuevo, y formando en columnas y batallones, de manera que sus chorros parecÃan como restelleantes lÃneas de bayonetas caladas, avanzaron con redoblada velocidad.