Moby Dick
Moby Dick Aunque muchas de las ballenas, como se ha dicho, estaban en vehemente movimiento, debe observarse, sin embargo, que la manada, como tal conjunto, ni avanzaba ni retrocedía, sino que colectivamente permanecía en un solo lugar. Como es costumbre en esos casos, las lanchas se separaron de inmediato, yendo cada una a por una ballena solitaria en la periferia del banco. Aproximadamente unos tres minutos después, el arpón de Queequeg fue lanzado; el pez alcanzado arrojó una cegadora rociada a nuestros rostros, y huyendo entonces tirando de nosotros como la luz, se dirigió directamente al corazón de la manada. Aunque semejante movimiento por parte de la ballena alcanzada no es en modo alguno excepcional bajo tales circunstancias y, de hecho, siempre es más o menos anticipado, no obstante, resulta ser una de las más peligrosas vicisitudes de la pesquería. Pues cuando el rápido monstruo te arrastra cada vez más dentro del frenético banco, dices adiós a la circunspecta vida y sólo existes en una delirante palpitación.