Moby Dick
Moby Dick —Posadero —dije yo, acercándome a él tan frÃo como el monte Hecla en una tormenta de nieve—… Posadero, deje de labrar el palo. Usted y yo hemos de entendernos el uno al otro, y eso ha de hacerse sin tardanza. Yo vengo a su casa y quiero una cama; usted me dice que sólo puede darme media, que la otra media pertenece a cierto arponero. Y sobre este arponero, al que todavÃa no he visto, usted persiste en contarme las historias más desconcertantes y exasperantes, haciendo que en mà se genere un desapacible sentimiento hacia el hombre al que usted designa como compañero de cama… Un tipo de vÃnculo, posadero, que es Ãntimo y confidencial en el más alto grado. Ahora le exijo que se exprese y me diga quién y qué es este arponero, y si yo, al pasar la noche con él, estaré a salvo en todos los aspectos. Y, en primer lugar, ¿será usted tan amable de desdecir esa historia sobre vender su cabeza, que si fuera cierta buena prueba me parece de que este arponero está completamente loco, y yo no tengo intención de dormir con un loco? Pues usted, señor, usted, digo, posadero, usted, señor, al tratar de inducirme a hacerlo premeditadamente se colocarÃa usted con ello en situación de ser procesado por vÃa criminal.