Moby Dick
Moby Dick Acercándonos aún más con el expirante viento, vimos que el francés tenÃa una segunda ballena al costado; y esta segunda ballena parecÃa aún más un ramillete de flores que la primera. En realidad, resultó ser una de esas problemáticas ballenas que parecen consumirse y morir de una especie de prodigiosa dispepsia o indigestión; dejando sus difuntos cuerpos casi totalmente deficitarios de algo que se asemeje al aceite. No obstante, en su apropiado lugar veremos que ningún pescador experimentado aparta su nariz de una ballena semejante a ésta, por mucho que por regla general pueda rehuir a las ballenas reventadas.
El Pequod se habÃa acercado ahora tanto al foráneo, que Stubb juró que reconocÃa la pértiga de su zapa de descarnar enredada en las estachas que estaban anudadas alrededor de la cola de una de estas ballenas.