Moby Dick

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Para entonces Stubb había saltado el costado y al meterse en su lancha le gritó al de Guernsey lo siguiente… que llevando un largo remolque en su lancha, haría lo que pudiera para ayudarlos, alejando la más ligera de las dos ballenas del costado del barco. Entonces, mientras las lanchas del francés estaban ocupadas remolcando el barco en una dirección, Stubb benevolentemente remolcaba su ballena lejos en la otra, dejando caer ostentosamente un muy inusualmente largo remolque.

Enseguida se alzó el viento; Stubb simuló soltar la ballena; el francés, izando sus lanchas, pronto aumentó la distancia, mientras el Pequod se deslizaba entre él y la ballena de Stubb. Ante lo cual, Stubb bogó rápidamente hasta el cuerpo flotante y, tras gritar al Pequod para informarle de sus intenciones, procedió inmediatamente a cosechar el fruto de su espurio ardid. Tomando su afilada zapa de lancha, inició una excavación en el cuerpo un poco detrás de la aleta lateral. Casi hubierais pensado que estaba excavando un sótano allí en el mar; y cuando finalmente su zapa golpeó contra las descarnadas costillas, fue como encontrar antiguos mosaicos y cerámica romana enterrados en grueso limo inglés. Los tripulantes de su lancha estaban en extremo entusiasmados, ayudando ávidamente a su jefe, y con aspecto tan ansioso como el de los buscadores de oro.


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