Moby Dick
Moby Dick Ahora bien, con objeto de establecer comunicación directa con la gente de cubierta, tenÃa que bogar alrededor de la proa hasta el lado de estribor, acercarse, por tanto, a la ballena reventada y, consiguientemente, hablar por encima de ella.
Llegado entonces a este lugar, con una mano todavÃa en su nariz, llamó a voces…
—¡Ah del Bouton-de-Rose! ¿Hay alguno de vosotros, boutones-de-roses, que hable inglés?
—Sà —replicó desde la amurada uno de Guernsey, que resultó ser el primer oficial.
—Bien, entonces, mi amigo bouton-de-rose, ¿has visto a la ballena blanca?
—¿La ballena qué?
—La ballena blanca… un cachalote… Moby Dick: ¿le habéis visto?
—Nunca oà hablar de tal ballena. ¡Cachalot blanche! Ballena blanca… no.
—Muy bien; adiós, por ahora, volveré dentro de un minuto.
Bogando entonces rápidamente de vuelta al Pequod, y viendo a Ajab inclinarse sobre la regala del alcázar esperando su informe, hizo cuenco con sus manos, formando bocina, y gritó…
—¡No, señor! ¡No!
Ante lo cual Ajab se retiró y Stubb regresó al francés.