Moby Dick

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En su aspecto exterior, Pip y Dough-Boy eran parejos como un poni negro y otro blanco de igual crianza aunque color distinto, uncidos en excéntrica yunta. Pero mientras el desgraciado Dough-Boy era por naturaleza tardo y pasmón de intelecto, Pip, aunque excesivamente tierno de corazón, era en el fondo muy brillante, con ese brillo afable, jovial, jubiloso, que es peculiar de su estirpe, una estirpe que siempre disfruta todo asueto y festividad con un gozo más refinado, más libre que el de cualquier otra raza. Para los negros, el calendario anual no debería recoger sino trescientos sesenta y cinco cuatros de julio y días de Año Nuevo. Y no sonriáis así porque escriba que este negrito era brillante, pues incluso la negrura tiene su brillantez; observad ese lustroso ébano empleado en paneles de revestir gabinetes de reyes. Mas Pip amaba la vida, y todas las pacíficas seguridades de la vida; y por eso la pavorosa actividad en la que inexplicablemente había quedado atrapado había muy tristemente deslucido su brillo; aunque, como no mucho después se verá, lo que transitoriamente fue así atenuado en él, estaba destinado al final a ser fúlgidamente iluminado por extraños fuegos indómitos, que ficticiamente le presentarían con un lustre diez veces mayor al natural con que, en su nativo condado de Tolland, en Connecticut, en otro tiempo había animado muchas fiestas de violín en el prado, y en el melodioso crepúsculo, con su alegre ¡ja-ja!, había transformado el redondo horizonte en una pandereta de sonajas de estrellas. Así, aunque en el claro aire del día, suspendida sobre un cuello de azuladas venas, la gema de diamante de puras aguas brillará lozana; no obstante, cuando el astuto joyero desea mostraros el diamante en su lustre más impresionante, lo dispone sobre un fondo oscuro, y luego lo ilumina, pero no con luz del sol, sino de gases artificiales. Surgen entonces esas ígneas refulgencias, infernalmente soberbias; entonces el diamante de perverso resplandor, que una vez fue el más divino símbolo de los cielos de cristal, semeja una joya robada de la corona del rey del infierno. Mas vayamos a la historia.


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