Moby Dick
Moby Dick Tashtego iba a proa. Estaba enteramente enardecido en la caza. Odiaba a Pip por cobarde. Sacando violentamente de su vaina el cuchillo de la lancha, colocó la afilada hoja sobre la estacha y, volviéndose hacia Stubb, exclamó inquisitivamente:
—¿Corto?
Entretanto, el rostro azul, asfixiado, de Pip expresaba claramente: «¡Hazlo, por amor de Dios!». Todo sucedió en un destello. En menos de medio minuto ocurrió este entero episodio.
—¡Maldito sea! ¡Corta! —bramó Stubb.
Y así se perdió la ballena, y Pip se salvó.