Moby Dick

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En cuanto se restableció, el pobre negrito fue asediado por los gritos y los juramentos de la tripulación. Dejando tranquilamente que remitieran estas anárquicas imprecaciones, Stubb, de manera sencilla, profesional, aunque todavía bienhumorada, maldijo oficialmente a Pip; hecho lo cual, extraoficialmente, le dio muy sanos consejos. La substancia de lo que dijo fue «nunca saltes de una lancha, Pip, excepto…», mas todo lo demás fue indefinido, como lo son siempre los consejos más juiciosos. Ahora bien, por regla general, No abandones la lancha es la máxima fundamental en la caza de la ballena, pero a veces se dan ocasiones en que Abandona la lancha es una máxima todavía mejor. Asimismo, como si observara finalmente que, de no darle a Pip un consejo firme, le estaría dejando un margen demasiado amplio para que en el futuro saltara, Stubb dejó repentinamente de lado todos los consejos y concluyó con una orden perentoria:

—No abandones la lancha, Pip, o por Dios que no te recogeré si saltas; tenlo presente. No podemos permitirnos perder ballenas por individuos como tú. Una ballena, Pip, alcanzaría un precio treinta veces mayor del que darían por ti en Alabama. Métetelo en la cabeza, y no vuelvas a saltar nunca.



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