Moby Dick
Moby Dick Inadvertidamente se ha divulgado aquà un secreto, que quizá, más propiamente, deberÃa haber sido revelado antes en forma establecida. Junto con muchas otras particularidades referentes a Ajab, para algunos nunca habÃa dejado de ser un misterio el porqué durante un cierto periodo, tanto antes como después de la partida del Pequod, se habÃa ocultado con semejante exclusividad propia de Gran Lama; y durante ese particular intervalo habÃa, aparentemente, buscado mudo refugio, por asà decirlo, entre el marmóreo senado de los muertos. El lenguaraz motivo del capitán Peleg para este asunto en modo alguno parecÃa adecuado; aunque, efectivamente, como todo lo referido a la parte más profunda de Ajab, cada revelación participaba más de significativa oscuridad que de explicativa luz. Mas al final todo emergió; este asunto, al menos, lo hizo. Ese terrible contratiempo estaba en el fondo de su reclusión temporal. Y no sólo eso, sino que para aquel cÃrculo menguante existente en tierra, cada vez más restringido, que por alguna razón poseÃa el privilegio de un menos vedado acercamiento a él; para aquel retraÃdo cÃrculo, la más arriba apuntada desgracia —tal como permanecÃa apesadumbradamente inexplicada por Ajab— se investÃa por sà sola de terrores no enteramente ajenos a la tierra de los espÃritus y los lamentos. De manera que, a través de su celo por él, todos habÃan conspirado para embozar ante los demás, en lo que a ellos concernÃa, el conocimiento de este asunto; y de ahà que hasta que no hubo pasado un considerable intervalo no se filtrara sobre las cubiertas del Pequod.