Moby Dick
Moby Dick —¡Ah, ah! Es eso, ¿eh? Aquà hay dos, señor; con una es suficiente para mÃ.
—¿Para qué me estáis poniendo ese cazaladrones en la cara, marinero? Luz arrojada es peor que pistola apuntada.
—Pensé, señor, que hablabais al carpintero.
—¿Carpintero? Bueno, esa… pero no… una muy pulcra, y si puedo decirlo, una clase de tarea extremadamente caballeresca en la que aquà os ocupáis, carpintero… ¿o preferirÃais trabajar en arcilla?
—¿Señor?… ¿Arcilla?, ¿arcilla, señor? Eso es barro: dejemos el barro a los que cavan zanjas, señor.
—El tipo es impÃo. ¿Por qué estáis estornudando?
—El hueso es algo polvoriento, señor.
—Captad la sugerencia, entonces; y cuando estéis muerto no os enterréis bajo las narices de gente viva.
—¿Señor?… ¡Ah!, ¡oh!… supongo que sÃ… sÃ… ¡Ah, caramba!
—Atended, carpintero, yo dirÃa que os consideráis un buen profesional, ¿no es asÃ? Bien, entonces, ¿dirÃa mucho y bueno de vuestro trabajo que cuando me colocara esta pierna que hicisteis sintiera, no obstante, otra pierna en el mismo idéntico lugar que ella; es decir, carpintero, mi vieja pierna; quiero decir, la de carne y hueso? ¿No podéis ahuyentar a ese viejo Adán?