Moby Dick
Moby Dick —¡Bien, bien, bien! Stubb es el que le conoce mejor, y Stubb siempre dice que es raro; no dice nada salvo esa pequeña palabra, raro; es raro, dice Stubb; es raro… raro, raro; y sigue soltándosela al señor Starbuck constantemente… Raro, señor… raro, raro, muy raro. ¡Y aquà está su pierna! SÃ, ahora que lo pienso, ¡aquà está su compañera de cama!, ¡tiene un palo de mandÃbula de ballena por esposa! Y ésta es su pierna; se sostendrá en esto. ¿Qué era eso sobre una pierna que está en tres lugares, y los tres lugares que están en un infierno…? ¿Cómo era eso? ¡Ah! ¡No me extraña que me mirara con tanta sorna! A veces tengo pensamientos extraños, dicen; pero eso es sólo algo fortuito. Además, un cuerpo pequeño, bajo, como el mÃo, nunca debe meterse en aguas profundas junto a altos capitanes de cuerpo de garza; el agua te hace cosquillas en la barbilla en seguida, y surge un gran grito pidiendo salvavidas. ¡Y aquà está la pierna de la garza!, ¡larga y delgada, cómo no! Ahora bien, para la mayorÃa de la gente un par de piernas dura una vida, y eso debe ser porque las usan con clemencia, como una vieja dama de tierno corazón utiliza sus viejos rechonchos caballos de tiro. Mas Ajab… ah, él es un cochero duro. Fijaos, condujo una pierna a la muerte, y lisió la otra de por vida, y ahora consume piernas de hueso por docenas. ¡Eh, tú, Smut! Echa aquà una mano con esos pernos, y acabemos antes de que el de la resurrección venga reclamando con su trompeta todas las piernas, verdaderas o falsas, lo mismo que los de la cervecera pasan recolectando viejos barriles de cerveza para llenarlos de nuevo. ¡Menuda pierna es ésta! Parece una auténtica pierna viva limada hasta que sólo quede el núcleo; mañana estará de pie sobre esto; estará tomando altitudes en ella. ¡Vaya!, casi me olvido de la pequeña placa oval, marfil pulido, donde toma la latitud. Vaya, vaya; ahora, ¡formón, lima y papel de lija!