Moby Dick
Moby Dick —¿Izar estrelleras y desarrumar? ¿Ahora que estamos acercándonos a Japón; capear aquà durante una semana para reparar unos cuantos aros viejos?
—Bien, eso, señor, o perder en un dÃa más aceite del que podrÃamos hacer en un año. Lo que hemos viajado veinte mil millas para conseguir, vale la pena salvarlo, señor.
—La vale, la vale; si lo conseguimos.
—Yo estaba hablando del aceite de la bodega, señor.
—Y yo no estaba hablando o pensando en eso en absoluto. ¡Fuera! ¡Que se pierda! Yo mismo me estoy perdiendo por todas partes. ¡SÃ!, ¡pérdidas en pérdidas! No sólo lleno de toneles que pierden, sino que esos toneles que pierden están en un barco que pierde; y ésa es una situación mucho más difÃcil que la del Pequod, señor. Sin embargo, yo no me detengo a taponar mis pérdidas; pues ¿quién puede encontrar la fuga en un casco profundamente cargado?; ¿o, aun cuando la encuentres, cómo esperar taponarla en esta aullante galerna de la vida? ¡Starbuck, no izaré el aparejo de estrellera!
—¿Qué dirán los propietarios, señor?