Moby Dick
Moby Dick —Que los propietarios se queden en la playa de Nantucket y griten más que un tifón. ¿Qué le importa a Ajab? Propietarios, ¿propietarios? Siempre me estáis hablando de esos miserables propietarios, Starbuck, como si los propietarios fueran mi conciencia. Mas atended, el único verdadero propietario de algo es su comandante; y escuchad, mi conciencia está en la quilla de este barco… ¡A cubierta!
—Capitán Ajab —dijo el oficial, sonrojándose y avanzando más hacia el interior de la cabina, con una osadÃa tan extrañamente respetuosa y cauta que casi parecÃa no sólo buscar evitar en todo modo la menor manifestación exterior de sÃ, sino que también interiormente parecÃa más que medio desconfiada de sà misma—. Un hombre mejor que yo bien podrÃa dejar pasar en vos lo que con la suficiente prontitud le harÃa resentirse en un hombre más joven; sÃ, y en uno más feliz, capitán Ajab.
—¡Demonios! ¿Tanto osáis, entonces, como para pensar crÃticamente de mÃ?… ¡A cubierta!
—En modo alguno, señor, todavÃa no; os suplico. Y oso, señor… ¡mantenerme en calma! Capitán Ajab, ¿no nos entenderemos entre nosotros mejor que hasta el momento?