Omu
Omu En la primera expedición, el único asequible estaba entre varios otros, en la sentina, con el agujero para la espita muy arriba. Con un trozo de un aro de hierro doblado y tras bastante fisgar y mucho tantear, lograron hundir el tarugo; de inmediato metieron y sacaron el pañuelo de cuello del tonelero, atado al extremo del aro: el licor que impregnaba la tela se escurría en un pequeño jarro.
El Tarugo era un camarero de bar en el fondo de su corazón. Bebía con regularidad, hasta que se sentía moderadamente achispado, y de ese modo conseguía seguir siempre así, sin estar ni más ni menos ebrio, siempre se encontraba «justo lo bastante bien», para utilizar su propia expresión. Cuando llegaba a ese interesante estado, mostraba un bamboleo abierto en su andar, una manera extraña de alzarse el cinturón, se ponía innecesariamente formal cuando le hablaban y, por lo demás, se le veía con un ánimo tolerable. Por otra parte, en tales circunstancias era demasiado patriota y, de un modo muy cómico, con frecuencia dejaba ver su patriotismo cada vez que se cruzaba a bordo con Dunk, un danés de buen carácter y cara cuadrada.