Omu
Omu ESTALLIDO DE LA TRIPULACIÓN
La guardia dio a conocer entre los tripulantes el designio de Bembo y, cuando ya era segura nuestra salvación, por un impulso instintivo todos dejaron escapar un grito y se precipitaron hacia él.
Poco antes Dunk y el camarero lo habían soltado, y Bembo estaba en pie, con aire obstinado, junto al palo de mesana; cuando los marineros corrían hacia él, se revolvieron sus ojos inyectados en sangre y el cuchillo le brilló por encima de la cabeza. De inmediato se oyeron gritos de:
—¡Abajo Bembo!
—¡Tiradlo al suelo!
—¡Colgadlo del palo mayor!
Pero Bembo se mantuvo firme, y por un breve instante todos sin excepción titubearon.
—¡Cobardes! —gritó Salem, y se arrojó sobre él.
El acero bajó como un rayo de luz, pero no hizo ningún daño, porque el corazón del marinero ya latía junto al del maorí antes de que él se diera cuenta.
Ambos cayeron sobre cubierta, y al instante otros se apoderaron del cuchillo y sujetaron a Bembo.
—¡A él! ¡A él! —volvieron los gritos—. ¡Démosle un remojón!
