Omu
Omu —¡Tiradlo por la borda! —Y fue arrastrado por la cubierta, mientras luchaba y se resistÃa con uñas y dientes.
Toda esta batahola que se producÃa justo encima de la cabeza del maestre lo despertó, por fin, de su sueño de borracho, y el hombre apareció tambaleándose en cubierta.
—¿Qué pasa? —gritó a la vez que se arrojaba en medio de todos.
—Es el maorÃ, señor, van a matarle, señor… —lloriqueó el pobrecito Filástica, que se habÃa arrastrado hasta el maestre.
—¡Atrás, atrás! —rugió Jermin, y saltó hacia Bembo a la vez que apartaba a dos o tres marineros. En ese momento el infeliz estaba caÃdo en parte sobre las batayolas, que se sacudÃan con su feroz resistencia. En vano el doctor y otros trataban de salvarlo: los hombres no atendÃan a nada.
—¡Asesinato y motÃn, por la mar salada! —gritó el maestre, que extendió los brazos a derecha e izquierda, para desenfundar su acero por encima del hombro del maor×. ¡Aquà estamos los dos, y si la toman con él, la toman conmigo! —bramó mientras miraba con furia a su alrededor.