Omu
Omu Ayunamos hasta la noche, momento en que uno de los muchachos se acercó con un par de «cañas», que contenían un líquido claro, de color azafranado, con ojos de grasa en la superficie. El joven bromista nos dijo que aquello era sopa, y resultó ser nada más que un agua caliente aceitosa. No obstante, tal como estaba, nosotros de muy buen grado la dimos por comida, y nuestro guardián se mostró lo bastante considerado para soltar nuestras esposas. Las cañas pasaron de boca en boca, y pronto quedaron vacías.
A la mañana siguiente, cuando el centinela nos daba la espalda, alguien, del que pensamos que sería un marinero inglés, nos tiró algunas naranjas, cuyas cáscaras usamos después a modo de vasos.
Durante el segundo día no ocurrió nada digno de mención. Al tercero, nos divertimos con la escena siguiente.
Un hombre, al que suponíamos un ayudante del contramaestre por el silbato de plata que colgaba de su cuello, bajó precedido por una pareja de jovencitos que lloriqueaban, y seguido por toda una tropa de muchachos lacrimosos. Al parecer, la pareja bajaba para recibir un castigo ordenado por un oficial, y los demás los acompañaban por simpatía.