Omu
Omu El ayudante del contramaestre puso manos a la obra sin tardanza: agarró a los pobrecillos inculpados por sus ropas demasiado sueltas, y empleó el roten sin piedad. Los otros muchachos lloraban, se estrechaban las manos y, al fin, cayeron de rodillas, pero fue en vano: el ayudante del contramaestre sólo les soltó algunos golpes, y por momentos los hizo aullar diez veces más fuerte que nunca.
En medio de aquel tumulto, he aquí que baja un guardia marina, dándose muchos aires, con órdenes para el encargado de cubierta, y se echa contra los muchachos, que salen corriendo hacia todas partes.
Todas estas acciones recibieron una mirada de infinito desprecio por parte de Bob el de la Armada, que años antes había sido oficial de cofa a bordo de un buque de guerra. Desde su punto de vista, aquello fue una demostración de pura zafiedad de principio a fin: en la marina inglesa las cosas se hacían de otra manera muy distinta.