Omu
Omu Aunque de apariencia muy romántica, cuando nos acercamos vimos que no consideraba las comodidades domésticas. En pocas palabras, era una mera estructura, construida recientemente y aún sin terminar. Estaba abierta por completo y matas de hierba crecían aquí y allá incluso en el sector techado. El único mobiliario eran unos «cepos», unos artilugios rústicos destinados a mantener inmovilizadas a las personas, que, creo, están anticuados por entero en la mayor parte de los países. Sin embargo, todavía lo usan los españoles en América del Sur, y al parecer de ellos han tomado en préstamo este aparato los tahitianos, como así también el nombre por el que se conocen entre ellos todos los sitios de encierro.
Los cepos no eran más que dos maderos macizos, de unos veinte pies de longitud e idénticos. Uno se ponía de lado en el suelo y el otro, situado encima, tenía a espacios regulares, coincidentes con los de abajo, unos agujeros semicirculares cuya finalidad era evidente a la primera mirada.