Omu
Omu Me apiadé del pobre hombre desde el fondo de mi corazón, pero nada pude hacer, porque nuestro capitán se mostró inexorable.
—Vaya —dijo—, nosotros hemos emprendido un viaje de seis meses, no lo puedo remediar. Y él está mejor en la isla que en el mar. O sea que tendrá que morir en Rurutu.
Probablemente asà ocurrió.
Tiempo después oà a dos marineros hacer comentarios sobre este triste asunto. Los esfuerzos de aquel hombre por marcharse habÃan sido infructuosos, y su duro destino estaba a punto de cumplirse.
A pesar de todo, la degeneración fÃsica de los tahitianos como pueblo se observa con frecuencia incluso entre los jefes y personas de figura agradable y a veces en hombres de aspecto imponente y en mujeres menudas, tan encantadoras como las ninfas que, hace casi un siglo, nadaban en torno a las naves de Wallis. En estos casos, la belleza tahitiana es tan seductora como lo fue para la tripulación del Bounty; las muchachas parecen esas criaturas que un poeta colocarÃa en los trópicos: suaves, de formas plenas y ojos soñadores.