Omu
Omu Los baúles mismos constituían piezas excepcionales, en especial los que tenían cerraduras enteras, que produjesen un chasquido seco y permitieran al propietario marcharse con la llave en la mano. Por el contrario, las marcas y rozaduras se consideraban una grave lacra. Un hombre viejo, prendado del gran baúl de caoba del doctor (uno de los bien abastecidos, dicho sea de paso), sentía una satisfacción infinita por el mero hecho de sentarse en él, y cierta vez se le vio aplicando un ungüento para las heridas en un arañazo muy visible que desmerecía la belleza de la tapa.
Es indescriptible el encanto que en un tahitiano ejercen los baúles marineros. Tan primoroso se considera como pieza de mobiliario en su choza, que las mujeres atormentan sin cesar a sus maridos para que despabilen y les regalen uno. Cuando lo consiguen, ni siquiera una tabla de embarcadero acomodada en un salón les produce la mitad de deleite. Por estas razones, pues, fue un acontecimiento importante que recuperásemos nuestras posesiones en esos momentos.
Los isleños son muy semejantes a las demás gentes, y las noticias de nuestra buena fortuna nos trajo la visita de tropeles de tayos, o amigos, deseosos de unirse a la costumbre local y conseguir una ganga.