Omu
Omu En ese instante llegĂł desde arriba el dĂ©bil temblequeo de una voz. Era el capitán, que por casualidad habĂa subido al alcázar cuando empezĂł la pelea, y que con gran contento habrĂa vuelto a su camarote, pero no lo habĂa hecho por miedo al ridĂculo. Como la batahola crecĂa y resultaba evidente que su oficial estaba en un serio apuro, pensĂł que nada podĂa hacer si se quedaba en pie contra las batayolas, e hizo su apariciĂłn en el castillo de proa, resuelto a tomar el asunto con lenidad, como la mejor de las polĂticas.
—Vaya, vaya —empezó a decir con tono displicente y a toda prisa—, ¿qué pasa aqu� Señor Jermin, señor Jermin… carpintero, carpintero… ¿Qué están haciendo allà abajo? Suban a cubierta, suban a cubierta.
De inmediato el doctor Fantasma Largo soltĂł un chillido:
—¡Ah! Señorita Guy, ¿es usted? Vaya, querida, vuelva derechito a casa o le harán daño.
—¡Bah, bah! Usted, sea quien sea, no estaba hablando con usted, termine con sus tonterĂas. Señor Jermin, le hablaba a usted, tenga la bondad de subir a cubierta, señor. Quiero verle.
—¿Y cĂłmo, en nombre del diablo, voy a subir? —gritĂł el maestre, furibundo—. Baje aquĂ, capitán Guy, y demuestre que es un hombre. ¡DĂ©jame, Astillas! ¡QuĂtame las manos de encima, te digo! ¡Oh! ¡Ya me las pagarás algĂşn dĂa! ¡Baje, capitán Guy!