Omu
Omu —Oi tutai auri! —le decÃan con indecible desprecio—. Ita maitai! (eres una desfachatada y una inútil, ni más ni menos).
Pues bien, Kulú acudÃa a la iglesia, y también lo hacÃan todas esas jóvenes censoras. Sin embargo, supe que varias de ellas, después de tomar el fruto del pan como EucaristÃa, por la noche del mismo dÃa se culpabilizan de tristes descuidos.
Estas cosas me desconcertaban, por lo que procuré enterarme, en la medida de lo posible, de las ideas que, si es que las tenÃan, abrigaban acerca de la religión. Sin embargo, las preocupaciones religiosas de una persona son demasiado delicadas para que un forastero se inmiscuya en ellas, por lo que me entregué al asunto con la mayor discreción posible.