Omu
Omu No hay que pasar por alto que las dos primeras de estas autoridades fueron citadas con amplitud por el reverendísimo M. Russell, en una obra escrita con la finalidad específica de dar información sobre el tema de las misiones cristianas en Polinesia. Además, Russell reconoce con franqueza que esas misiones «no pueden dejar de tener un gran peso entre el público»30.
Después de mencionar los múltiples males transmitidos a los nativos por los forasteros, y a su condición de singular apatía, y tras denunciar con una severidad un tanto excesiva los innegables errores de la misión, el navegante ruso Kotzebue dice: «Una religión como ésta, que prohíbe todos los placeres inocentes, y cercena o destruye todas las potencias mentales, es una difamación del divino fundador de la cristiandad. Es cierto que la religión de los misioneros, con una gran proporción de maldad, ha hecho algún bien. Puso freno a los vicios de ladrones y disolutos, pero dio origen a la ignorancia, a la hipocresía, y al odio a toda otra fe, en lo que en tiempos fue el carácter abierto y benévolo de los tahitianos»31.