Omu
Omu Volvió al cabo de veinte minutos; llevaba consigo a dos oficiales con ropas de paisano y mostachos y a tres o cuatro jefes viejos, borrachos y vocingleros; uno de ellos tenía metidas las piernas en las mangas de una casaca roja, otro llevaba espuelas en los talones y un tercero, un tricornio con su pluma. Además de estas prendas, sólo lucían las ropas típicas de su raza: un trozo de tela del lugar a la altura de los riñones. A pesar de su indecoroso comportamiento, estos sujetos resultaron ser una delegación de la reverenda clerecía de la isla, y el objeto de su visita era poner a nuestro barco bajo riguroso «tabú», para evitar las desordenadas escenas y las ocasiones de deserción que se producirían cuando los nativos —hombres y mujeres— tuvieran permiso para acercarse a nosotros con libertad.