Omu
Omu —¡SÃ, maldita sea! —replicó el doctor, como una tortuga mordedora, y nos encaminamos hacia la casa. A pesar de su poco gentil respuesta, probablemente pensaba que después de la sesión gastronómica del dÃa anterior, serÃa difÃcil quedarse mano sobre mano. En la casa nos encontramos con Corto, preparado ya con las zapas, y de inmediato salimos hacia el extremo más lejano del vallado, donde aún habÃa que sacar los boniatos de la tierra.
Aquel suelo fértil, pardo, parecÃa especial para esas plantas; los grandes tubérculos amarillos salÃan rodando de los montÃculos como huevos de un nido.
Mi compañero me sorprendió de veras por el empeño con que manejaba su zapa. Por mi parte, estimulado por la brisa fresca de la mañana, trabajé como un buen hombre. A su vez, Zeke y el cockney parecÃan muy complacidos ante la prueba de que tenÃamos buena voluntad para aplicarnos a la faena.