Omu

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—¡Ya está bien! ¡No cargo más! —exclamó en el momento en que echaba los boniatos dentro del bote, donde el yanqui los apartaba hacia los lados.

—Oh, vaya —dijo Zeke con energía—, me pregunto si no será mejor que tú y Paul uséis la máquina del barril; ea, venir, que os la preparo en un segundo. —Y así diciendo se dirigió a la playa, y a toda prisa hasta la casa, tras pedirnos que le siguiéramos.

Nos preguntábamos qué demonios podía ser esa máquina del barril, con bastante suspicacia, mientras cojeábamos en pos de Zeke. Al llegar a la casa, nos lo encontramos preparando una especie de palanquín. No era más que un viejo barril colgado con una cuerda del centro de un grueso remo. Era muy ingenioso aquel artilugio del yanqui, y el arreglo que proponía para mi hombro y el del doctor también lo era.

—¡Así está bien! —dijo cuando todo estuvo listo—. Con esto no hay que partirse la espalda, que podéis ir bien derechos aquí abajo; probadlo una vez. —Con mucha cortesía apoyó la pala del remo en el hombro derecho de mi compañero y el otro extremo en el mío, con lo que el barril quedó entre ambos—. ¡Ya está! —añadió, dando un paso atrás para admirar el efecto, en tanto que nosotros continuábamos en esa interesante postura.


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