Omu
Omu Por lo tanto, era conveniente tener un pasaporte, pero en Imeeo jamás se había oído hablar de tal cosa. Al fin, Fantasma Largo sugirió que, como el yanqui era muy conocido y respetado en toda la isla, debíamos hacer todo lo posible para que nos diera un papel de ese tipo, certificando no sólo que habíamos sido empleados suyos, sino también que no éramos bandidos, secuestradores ni marineros desertores. Aunque estuviese escrito en inglés, un papel así sería lo mejor, porque los nativos iletrados, por respeto a tal documento, no se atreverían a molestarnos hasta informarse de su contenido. Y luego, puestos en lo peor, podríamos dirigirnos al misionero más cercano para que explicara el contenido del pasaporte.
Al enterarse de todo esto, Zeke se mostró muy halagado por la opinión que de su reputación exterior teníamos, y estuvo de acuerdo en complacernos. El doctor se ofreció de inmediato a preparar un borrador del manuscrito, pero el yanqui rechazó la idea y dijo que lo escribiría él solo. Con una pluma de gallo, pues, un pedazo de papel manchado, y un corazón tenaz, puso manos a la obra. Era evidente que no estaba acostumbrado a la redacción, porque su agónica labor literaria era tan violenta que el doctor sugirió la posible necesidad de algo así como una cesárea.