Omu
Omu Sin embargo, es curioso señalar que, si un forastero actúa con tanta exigencia y luego se descubre que no tiene casa propia, deberá mendigar el alojamiento. Los karhowris, es decir, los hombres blancos, son la excepción a esta regla. O sea que es lo mismo que ocurre en los países civilizados, donde los propietarios de casas y tierras son importunados hasta el hartazgo con invitaciones de ir a instalarse en casa de otras personas, en tanto que el pobre caballero que disimula con tinta los desgarrones de su levita, y para quien una invitación semejante sería valiosa de verdad, tiene que suplicar por ella. Pero a favor de los antiguos tahitianos, hay que observar que esta mácula en su hospitalidad es de origen reciente, y se desconocía totalmente en los viejos tiempos. Así me lo aseguró el Capitán Bob.
En Polinesia se considera «un gran éxito» que un hombre consiga unirse por matrimonio a una buena familia, que esté relacionada con lo mejor de la comunidad (bien sabe el Cielo que entre nosotros pasa lo mismo). La razón es que, cuando sale de viaje, es mayor el número de casas excelentes que están a su entero servicio.
Con la bendición paternal del viejo Darby y de Joan, seguimos nuestra marcha, decididos a detenernos en el próximo punto de atracción que se presentara.