Omu
Omu La gitanilla mencionada en primer lugar se acercó a mí con gran cordialidad, me saludó a la manera tahitiana, y me acribilló con un fuego de preguntas tan graneado que no conseguí entenderla y, mucho menos, responder. Pero fue evidente la bienvenida cordial que nos daban en Luhulú, que así se llamaba el poblado. Entre tanto, el doctor Fantasma Largo, galante, ofrecía un brazo a cada una de las otras dos jóvenes, quienes en un primer momento no supieron qué hacer con ellos, pero al fin pensaron que se trataba de una broma, y aceptaron la cortesía.
De inmediato, estas tres damitas dieron a conocer sus nombres, y eran tan románticos que me veo obligado a explicarlos con detalle. En los brazos de mi compañero, en ese momento, se apoyaban la Noche y la Mañana, en las personas de Farnowar, o Nacida de Día, y Farnupu, o Nacida de Noche. La de las trenzas tenía el apropiado apelativo de Marhar-Rarrar, la Insomne u Ojos Vivaces.
En esos momentos, las casas ya se habían vaciado de moradores, unos pocos viejos, hombres y mujeres, y varios jóvenes robustos, que se frotaban los ojos y bostezaban. Todos nos rodearon, preguntándonos de dónde veníamos. Al saber de nuestra relación con Zeke, se mostraron encantados, y uno de ellos reconoció las botas que llevaba el doctor.
—Kiki (Zeke) maitai —exclamaban—, nui nui hanna hanna bortarta (hace muchos boniatos).